Niña hermosa.

Desde que naciste la belleza se notaba en tus tiernas facciones, linda niña en tu cara veía yo la dicha, bendición del cielo, dulce amor.

Fuiste creciendo, viendo las arrugas de cansancio de tu madre y mis malestares físicos, querías dejar de estudiar para ayudarnos a mantener esta casa.

Pero mi dulce hija, trabajamos para que puedas comer y vestir, estudiar y ser alguien que no pudimos nosotros llegar a ser, pero te dolía y a la vez te avergonzaba, te pusimos en una posición difícil.

Te sentías apenada de llevar tus zapatos maltratados, a pesar de lo mucho que los cuidabas pues debían durarte mucho tiempo para evitar un gasto que considerabas innecesario, tus compañeras eran crueles contigo, una niña tan linda usando harapos.

Me daba pena y tristeza, empecé a trabajar más horas y tú dulce madre empezó a hacer comida para vender, pero no era eso, sentías pena de ser pobre y veías con ojos tristes a tus padres cansados, fue así que dejaste de estudiar sin decirme.

Empezaste a ganar tus centavos, que alcanzaban para darte pequeños gustos y ayudarnos un poco, pero algo en tu alma estaba roto, el dinero brillaba más que la sabiduría para ti, preferías tener cosas que saber cosas, eso en este mundo es peligroso.

Llegaste en una flamante camioneta, tuve miedo, bajaste de golpe despidiéndote lanzando besos, vestida como una mujer adulta cuando solo tienes 16 años y no pude evitar enojarme, a veces no puedo expresar el miedo como es porque me nubla los ojos.

Te enojaste, me dijiste que si me daba envidia que tuvieras pretendientes ricos, que era un papá celoso y quizá tenía miedo que te escaparas con un novio, te miré y me enojé más, te dije que esos muchachos eran demasiado jóvenes para tener tanto y que fuera dinero bien ganado, que como fácil llega fácil se va y lo más valioso que tenemos es la vida.

Me lo pusiste de ejemplo, “él si sabe cómo funciona a el mundo” dijiste, ¿que va a saber un niño que hasta el sombrero le queda enorme? Pensé.

No quería que te escaparas pues era una amenaza común, y dejé de decirte cosas, solo te abrazaba con fuerza cuando te podía ver, para que tu recuerdo se hiciera eterno en mi mente, eso te molestaba, me veías pequeño y tu madre lloraba, suplicaba para que dejaras de salir con esos niños montados en camionetas lujosas, pero tú estabas ocupada en realizar esos sueños fáciles.

Nunca acepté el dinero que traías, te grité que eso se llamaba prostitución y lloraste, te hice daño y traté de arreglarlo pero estabas harta de ser juzgada, quería hacerte ver que la vida es peligrosa y la gente así no vive mucho tiempo, pero estabas decidida, una camioneta llegó frenando de golpe, por nuestro bien nos dijiste que no te detuviéramos, si pudiera regresar al pasado te hubiera encerrado dentro aunque me arrancaran la vida.

Hoy llamaron temprano, cumpliste los 19 hace unos días y ya sabíamos algo de ti al fin, pero me hice ilusiones demasiado pronto.

Cuando te fuiste y dejaste de hablarle a tu madre empezamos a buscarte, eso fue casi a los dos meses de tu partida, apenas ibas a cumplir 17 años, ahora te encontraron, pero no estabamos preparados para lo que nos iban a decir.

Nadie me dijo que iba a sepultar a mi propia hija.

Me entregaron unos dientes, una clavícula y una costilla, eso decían que eras tú, ¡cómo pudo ser! Si sentía yo que hasta hace poco te me ibas completa y que pensé que al ver lo difícil que es vivir esa vida regresarías, me mirarías con tus bellos ojos pidiendo a gritos que te abrazara para sentirte protegida, jamás me imaginé que nos darían fragmentos de ti, no puedo con este dolor, no puedo llorarle a esos huesos, para mi no puedes estar así, tú calor no se ha ido de mi pecho, ese calor que dejaste cuando te abrazaba al verte.

Tu madre enfermó, jamás pudo recuperarse de ese dolor, sintió una culpa enorme al igual que yo, no fuimos buenos padres, quisimos darte todo pero olvidamos enseñarte a valorar lo poco que teníamos, tampoco te enseñamos lo que es ser dichoso y que la vida es lo único que tenemos que tiene valor, que cada uno de nosotros en esta familia nos amábamos y debíamos cuidarnos, te fallamos hija mía, te hicimos ingenua y dependiente.

Te pido perdón.

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