Día de lluvia.

Tengo más confianza en mí misma, obvio aún falta trabajo por hacer respecto al crecimiento personal y laboral, pero por algo se empieza y es importante notar una cosa: aún faltaba madurar, lo bueno es que estoy en ello.

No voy a negar que trabajar por esta relación de pareja que estaba desmoronándose terriblemente desde el año pasado es difícil, las peleas de “alto rango” (aquellas donde se busca acabar con el enemigo) suceden de forma frecuente, ya no tanto como hace unos meses pero se repiten lo suficiente como para querer escapar de nuevo, sin embargo no se debe hacer eso, huir es de cobardes, no necesariamente escapar físicamente es considerado “huir” pues cuando se tienen problemas serios y no los enfrentan estos te separan de tu pareja, empiezas a buscar escapadas “ligeras” o venganza pero de esa que tu pareja no debe notar (e implica ir a pecar por ahí).

Desconozco si esta lucha es inútil, tampoco puedo saber si vamos a llegar a viejos juntos, no sé si vamos a tener otro bebé como quedamos y mucho menos si las peleas de alto rango dejarán de suceder cada dos semanas, por lo pronto las aguas de mi corazón están tranquilas, no hay sentimientos de fuerte intensidad ahí, a lo que me refiero es que no existe amor ni odio eferveciendo, hay mucha melancolía y tristeza eso sí, pero me ayuda a pensar mejor las cosas y me conecta con el entorno de una forma especial.

Pronto viajaré a otra ciudad, ya no espero nada como hace un mes cuando la visité por vez primera, me emocioné como niña al conocerla y estuve sola la mayor parte del tiempo, no fue muy grato en algunos momentos, pero conocí a muchas personas y logré adaptarme un poco a eso de socializar, en esta ocasión no estaré tan sola pero igual siento que no volveré por mi propio pie nunca más, no me es grato y no me dejó con buen sabor de boca, no niego que es una grandiosa ciudad más no tiene nada que ofrecerme, me gusta la calidez de las personas donde vivo que no existe ahí, lo efímero me hace sentir incompleta.

Me faltaron muchísimos lugares por conocer, por mi temor a andar sola y quedarme sin batería a media visita, sobre todo porque estaba en un departamento sin nadie más acompañándome y si algo me pasaba nadie iba a ayudarme, solo podía protegerme a mi misma.

Hoy desperté pensando muchas cosas que no había retocado antes, decidí quedarme por el futuro, alguien me dijo que así se sabía si era amor, cuando había planes por realizar en pareja, ciertamente aquí los hay a montones y aunque ya no me siento tan entusiasmada si puedo asegurar que se puede trabajar para mejorar esto, al menos hay movimiento en ambos lados, no sé qué pasará a fin de año, quizá mejoremos o quizá nos demos la oportunidad de hacer planes cada uno por nuestra cuenta.

Pensé que todo pasó por algo, todavía tenía fe en cosas “místicas” o de que las casualidades no existen y las personas que aparecen en tu vida siempre tienen algo que enseñarte o algo que aprender, pero en este año no fue así, no ha pasado nada, sólo turbulencias y muchos sentimientos negativos, aprendí cosas más por mí misma y a fuerza de malos ratos, este año ha sido malo hasta hoy.

Espero al menos poder relajarme con estas vacaciones que francamente no estoy muy convencida de tomar, ver que pudo ser y no fue me da mucha tristeza, me perdí de algo bueno por no saber dónde estaba poniendo los pies, quizá a la próxima no tenga que ir tan lejos y obvio tendré los pies en la tierra, será como quería que fuera pero no pudo ser.

Niña hermosa.

Desde que naciste la belleza se notaba en tus tiernas facciones, linda niña en tu cara veía yo la dicha, bendición del cielo, dulce amor.

Fuiste creciendo, viendo las arrugas de cansancio de tu madre y mis malestares físicos, querías dejar de estudiar para ayudarnos a mantener esta casa.

Pero mi dulce hija, trabajamos para que puedas comer y vestir, estudiar y ser alguien que no pudimos nosotros llegar a ser, pero te dolía y a la vez te avergonzaba, te pusimos en una posición difícil.

Te sentías apenada de llevar tus zapatos maltratados, a pesar de lo mucho que los cuidabas pues debían durarte mucho tiempo para evitar un gasto que considerabas innecesario, tus compañeras eran crueles contigo, una niña tan linda usando harapos.

Me daba pena y tristeza, empecé a trabajar más horas y tú dulce madre empezó a hacer comida para vender, pero no era eso, sentías pena de ser pobre y veías con ojos tristes a tus padres cansados, fue así que dejaste de estudiar sin decirme.

Empezaste a ganar tus centavos, que alcanzaban para darte pequeños gustos y ayudarnos un poco, pero algo en tu alma estaba roto, el dinero brillaba más que la sabiduría para ti, preferías tener cosas que saber cosas, eso en este mundo es peligroso.

Llegaste en una flamante camioneta, tuve miedo, bajaste de golpe despidiéndote lanzando besos, vestida como una mujer adulta cuando solo tienes 16 años y no pude evitar enojarme, a veces no puedo expresar el miedo como es porque me nubla los ojos.

Te enojaste, me dijiste que si me daba envidia que tuvieras pretendientes ricos, que era un papá celoso y quizá tenía miedo que te escaparas con un novio, te miré y me enojé más, te dije que esos muchachos eran demasiado jóvenes para tener tanto y que fuera dinero bien ganado, que como fácil llega fácil se va y lo más valioso que tenemos es la vida.

Me lo pusiste de ejemplo, “él si sabe cómo funciona a el mundo” dijiste, ¿que va a saber un niño que hasta el sombrero le queda enorme? Pensé.

No quería que te escaparas pues era una amenaza común, y dejé de decirte cosas, solo te abrazaba con fuerza cuando te podía ver, para que tu recuerdo se hiciera eterno en mi mente, eso te molestaba, me veías pequeño y tu madre lloraba, suplicaba para que dejaras de salir con esos niños montados en camionetas lujosas, pero tú estabas ocupada en realizar esos sueños fáciles.

Nunca acepté el dinero que traías, te grité que eso se llamaba prostitución y lloraste, te hice daño y traté de arreglarlo pero estabas harta de ser juzgada, quería hacerte ver que la vida es peligrosa y la gente así no vive mucho tiempo, pero estabas decidida, una camioneta llegó frenando de golpe, por nuestro bien nos dijiste que no te detuviéramos, si pudiera regresar al pasado te hubiera encerrado dentro aunque me arrancaran la vida.

Hoy llamaron temprano, cumpliste los 19 hace unos días y ya sabíamos algo de ti al fin, pero me hice ilusiones demasiado pronto.

Cuando te fuiste y dejaste de hablarle a tu madre empezamos a buscarte, eso fue casi a los dos meses de tu partida, apenas ibas a cumplir 17 años, ahora te encontraron, pero no estabamos preparados para lo que nos iban a decir.

Nadie me dijo que iba a sepultar a mi propia hija.

Me entregaron unos dientes, una clavícula y una costilla, eso decían que eras tú, ¡cómo pudo ser! Si sentía yo que hasta hace poco te me ibas completa y que pensé que al ver lo difícil que es vivir esa vida regresarías, me mirarías con tus bellos ojos pidiendo a gritos que te abrazara para sentirte protegida, jamás me imaginé que nos darían fragmentos de ti, no puedo con este dolor, no puedo llorarle a esos huesos, para mi no puedes estar así, tú calor no se ha ido de mi pecho, ese calor que dejaste cuando te abrazaba al verte.

Tu madre enfermó, jamás pudo recuperarse de ese dolor, sintió una culpa enorme al igual que yo, no fuimos buenos padres, quisimos darte todo pero olvidamos enseñarte a valorar lo poco que teníamos, tampoco te enseñamos lo que es ser dichoso y que la vida es lo único que tenemos que tiene valor, que cada uno de nosotros en esta familia nos amábamos y debíamos cuidarnos, te fallamos hija mía, te hicimos ingenua y dependiente.

Te pido perdón.